Hoy se me mancharon los apuntes de la facultad con café.
Una mancha grande, redonda y amarronada descansaba sobre las prédicas marxistas del fin del capitalismo, ahí donde antes reposaba mi taza.
Me sentí grande, muy grande.
Pero esta sensación desapareció un momento después, cuando tuve que admitir que no era un auténtico café con leche dadas las altas dosis de Nesquik y azúcar que me vi obligada a ponerle para poder tomarlo.
No pude seguir estudiando y tuve que irme a jugar con mis muñecos.
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